Vivimos años en una penumbra impuesta, midiendo cada paso para no romper el silencio del armario.
Cada vez que bajamos la mirada o soltamos la mano de nuestra pareja, o camuflamos parte de la historia o de nuestras vidas, seguimos entregando un pedazo de nuestra vida al miedo.
“Hemos perdido muchas primeras veces”los besos que no dimos y las verdades que enterramos por miedo al rechazo.
Y estar escondidas no fue una elección, sino un refugio forzado que nos privó de nuestra propia juventud. Tuvimos que sobrevivir a la situación que teníamos. Y la aceptación familiar es la batalla más larga y dolorosa que nos toca librar. Muchas veces te hacen elegir o te hacen juicios como “vergüenza”,“decepción” simplemente por amar libremente. Ponen esa responsabilidad en tí, cuando la aceptación y respeto debería estar en ellos. El hogar debería ser seguridad, pero a veces ese lugar es donde más se nos exige fingir.
Sanar y perdonar y la ruptura de ese vínculo, requiere una valentía inmensa para decir «este soy yo» frente a quienes más tememos defraudar.
El Orgullo es nuestra forma de reclamar ese tiempo robado, de ocupar el espacio que se nos negó durante tanto tiempo de ser libremente y estar rodeadas de personas que nos entienden, respetan y quieren sin “peros”.
No estamos solo celebrando, estamos recuperando cada segundo que pasamos en la sombra por culpa del prejuicio. “De esas fiestas metafóricas a las que no nos invitaron”.
Quisimos escribir esta canción en un acto de justicia para nosotras mismas y para quienes aún luchan por ser aceptados en su propio espacio familiar, como laboral o de amistad. Para perdonar, y respetarnos a nosotros mismos. Para acompañar al que aún sigo teniendo miedo y que sepa, que no está sola o solo y sin importar su sexualidad, porque en nuestra fiesta no existen diferencias.