«El canto del cisne» es el tercer adelanto de lo que este otoño será su prometedor próximo álbum. Producido por el artesano de la dinamita Santi García, El verbo odiado muestra en este tema su doble cara, una oscura y amenazante tranquilidad que de manera inevitable desemboca en una leonera de guitarras y palabras esperanzadóramente hirientes, todo lo que se puede esperar de un arma sónica arrojadiza.
El del cisne es un canto a la resignación de quien se agarra a un clavo ardiendo inexistente mientras se desliza como una despedida que no busca consuelo, sino comprensión. Y no hay rabia ni rendición, sino una belleza extraña en la pérdida asumida. Es un último gesto: íntimo, maduro y consciente, que no necesita gritar para ser escuchado. La canción respira ese instante en el que todo parece haberse dicho ya, y solo queda el eco.
«El canto del cisne» de El verbo odiado es la amenaza de una tormenta inevitable, con la vida como eje maltratado y maltratador de un camino en una sola dirección, el camino por el cual irremediablemente siempre van los días.





